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Dr. Jorge Ramón Cuevas.
Presidente ProNATURALEZA
   
Helio Ojeda Sánchez.
Presidente Deleg. Casa de la Prensa. UPEC.
   
Eusebio Leal Espengler
Historiador de Ciudad de La Habana
   

Rafael Acosta de Arriba


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Rafael Acosta de Arriba

Una mirada nueva a la Cuba de hoy y de siempre.

El segundo nacimiento de la naturaleza fue la imagen creada por el hombre. Imagen poética o simple reproducción, el hombre, a través de su fantasía e imaginación infinitas, le dio a todo lo natural que nos rodea, la verdadera vida.

La mirada del artista es una mirada llena de adivinaciones, es una mirada capaz de crear otros mundos, otras dimensiones de la realidad.

El fotógrafo Julio A. Larramendi nos ha acostumbrado en los últimos años a brindarnos una interesante visión de la naturaleza cubana, de sus aves, de su geografía, de sus plantas, de la rica composición étnica de la nacionalidad, de su arquitectura, en fin, nos ha propuesto una vuelta a revisar, a “re-leer”, a mirarnos hacia dentro y hacia nuestro entorno, como un ejercicio primigenio de auto-reconocimiento.

Larramendi nos sugiere una nueva mirada a Cuba y sus gentes, una mirada en la que el ecumenismo y la amplitud tienen un lugar preferencial.

Crear es poblar el mundo de imágenes y estas imágenes que ha capturado Larramendi son surtidores de significados. Una Cuba esplendente, diversa, profunda, se nos ofrece en la exposición “30 años después” que recoge tres décadas del trabajo de este joven y talentoso artista del lente.

Larramendi hizo su primera imagen fotográfica en 1969 pero fue realmente en 1972 cuando comenzó a dedicarse con toda entrega al estudio y práctica de la fotografía. Este ejerció incesante ha recorrido la fotografía artística, el trabajo científico y el periodismo, lo cual le concede una óptica del oficio integral y compleja.

En el trabajo de Larramendi sobresale el justo homenaje que le hiciera al ecólogo Dr. Jorge Ramón Cuevas, uno de los mayores amantes, defensores y divulgadores del entorno y la naturaleza cubanas en el pasado siglo.

Esta exposición es resumen también de cada una de las muestras personales (catorce en total) realizadas por el artista, así como de los catálogos, libros y otras publicaciones de su obra aparecidas en el período.

En estas tres décadas la obra fotográfica de Larramendi ha recorrido varias ciudades de Cuba, México, Suecia, España, Costa Rica y EE.UU. Ha obtenido diversos premios en concursos de carácter internacional y fue seleccionado por la Revista Cuba-Foto entre los 100 fotógrafos cubanos más reconocidos del siglo XX.

Pero quizás el reconocimiento mayor sea el de saber –supongo él lo sepa- que su obra se levanta sobre una reinvención de la imagen de su país que tiene asiento no sólo en lo intuitivo sino en la acumulación de una vivencialidad que se trasluce en la limpieza de sus imágenes. Hay un conocimiento, una cultura de lo cubano detrás de estas imágenes.

La luz del Caribe y las Antillas baña las fotografías de Larramendi, diría que es su aliada principal en esta vocación de registrar los paisajes insulares ya sean físicos o humanos.

Pero no sólo la luz le sirve a los propósitos expresivos y artísticos de Julio. El logra captar la delicadeza, la ternura propia de una flor, de una planta, el sutil gesto de una avecilla. Los complicados procesos de la naturaleza aparecen captados con una belleza y una simplicidad sorprendentes.

De igual manera registra las texturas de las paredes llagadas por el tiempo, el carácter de una reja de hierro, la personalidad de una columna o un fragmento de una vieja edificación. Es un detallista, se mueve entre la precisión de un ángulo visual y el dominio del conjunto enfocado por el lente.

Una última cosa, estas muestras personales de Larramendi equivalen a un febril desplazamiento por todo el país, por ciudades, ciénagas, montes, a veces esperando toda una madrugada para captar a la escurridiza ciguapa o al pequeñín cotunto, a veces recibiendo el solazo del mediodía para registrar al diminuto zunzuncito en plena nube de mosquitos de los pantanos del centro-sur de la isla. El ha calculado unos quince mil kilómetros en los últimos años, yo considero que son muchos mas los que ha recorrido.

Ante nosotros una Cuba muy especial: la Cuba de Julio A. Larramendi. Una mirada que estoy seguro concitará muchas miradas; una concepción de lo cubano que supera clichés ya agotados de otras visiones fragmentarias y ramplonas de nuestra sociedad y ser nacional; en fin, una mirada raigal de lo cubano.

Por todas estas razones “30 años después” se convierte en una exposición emblemática de la obra de uno de nuestros más fecundos artistas del lente.

Enhorabuena Julio.

   
 
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