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Julio Larramendi
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Julio Larramendi. Con el temor de una fotografía.
Magda Resik Aguirre
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Magda Resik Aguirre
Publicado en el diario cubano "Juventud Rebelde"
11/10/2001

Julio Larramendi. Con el temor de una fotografía.

Siendo niño robó unos cuadros que quedaban en la cámara familiar y tomó sus primeras fotografías con el susto y la ingenuidad propia de los principiantes. Se había preparado para recibir el castigo correspondiente. Pero la larga ansiedad hasta el día del revelado, le fue compensada con el consentimiento de sus padres. Entonces no podía imaginar que su vida transcurriría en buena medida, tras el visor de una cámara y en el cuarto oscuro, a la espera de un negativo impecable.

Treinta años le han servido para entender que “la fotografía es un arte, pero también una forma de expresar lo que uno lleva dentro. De la misma forma en que los pintores tratan de reflejar su visión del mundo, utilizando el lienzo y el óleo, así los fotógrafos se valen de los poderes de la luz y la sombra, el color y la posibilidad no tan antigua, de detener el tiempo en una instantánea.”

Aunque la familia nunca se opuso, Julio Larramendi se desvió de su verdadera vocación por largo tiempo. En 1970 viajó a la otrora Unión Soviética para licenciarse en química. “No me gustaba tanto como la Física, pero a la novia de esa época sus padres sólo le permitían estudiar lejos si viajábamos juntos. Así que me decidí lo que ella”. Como si se tratara del destino inevitable de las tragedias griegas, el profesor de básquet de la universidad, dirigía el círculo de interés de fotografía. “Me acerqué a él y fue muy receptivo. Descubrió mi interés y me trajo algunos libros. Comencé a aprender muy en serio y con los meses, teníamos tanta confianza, que me dejaba la llave del laboratorio y yo me pasaba horas allí trabajando.”

El laboratorio era un pequeño baño acondicionado como cuarto oscuro. En ese sitio estrecho pero de una penumbra acogedora, la visión de Larramendi se adaptó a vislumbrar “el positivo”, esas imágenes que luego aparecían, como por acto de magia, dibujadas en el papel. “Allí hice mis primeras fotografías a color, filtrando con cristales de espejuelos”, probando cada efecto que cada solución imprimía a la escena apresada en el negativo.

Al terminar sus estudios universitarios, le encargaron la dirección de un laboratorio consagrado a la investigación en la fotografía. “Allí descubrí muchos más secretos de este oficio y paralelo al trabajo científico, mantuve siempre el ejercicio de salir a la calle cámara en mano, a fotografiar”, asegura Larramendi.

Contrario a lo acostumbrado por los profesionales del lente, este fotógrafo no posee el hábito de andar siempre con la cámara a cuestas. “Sólo tomo fotografías guiado por la inspiración. Esa costumbre me ha hecho perder algunas fotos que estoy convencido, no se repetirán. Puedes tener ante ti la luz ideal, los colores adecuados, la mejor escena, pero si la inspiración no te acompaña, no podrás apresar el segmento de realidad que nos revela una foto.”

Las fotografías de Larramendi poseen ese hálito cubano que no se explica al detalle y que nos sorprende por el tratamiento dado al conjunto. La variedad de colores, la multirracialidad, el efecto creativo de la gente, los paisajes de la Isla en su gran riqueza, y dimensión, revelan una manera original y sentida de dar fe de nuestra identidad. Revistas de cuba y de todo el mundo exhiben esas instantáneas donde la modernidad parece restringida al uso de las más novedosas tecnologías. El ojo del fotógrafo desentierra desde el pasado los encantos de una nación viva, colorida y esperanzada.

Relevantes son las fotografías donde la naturaleza es protagonista. Algunas aparecen en el CD 350 imágenes de Cuba y servían como telón de fondo al programa Entorno conducido por el doctor Jorge Ramón Cuevas en la televisión nacional. Los paisajes, animales, la flora... muestran una belleza tal captados por el lente de Larramendi, que tenemos la impresión de no haber visto realmente nada. “La naturaleza cubana es tan rica y variada - afirma -, sus temas infinitos desde Pinar del Río hasta Santiago de Cuba: el azul del mar, el verde rodeando los mogotes de Viñales, las montañas de Oriente, las cuevas y excelentes playas... son tan intensas en su valía que puedes estar meses en un mismo sitio y no agotar los motivos para tomar fotos. Es por eso que la naturaleza es mi tema preferido.”

Las ciudades cubanas y en especial la capital - donde vive desde hace 35 años (nació en Santiago y dice no negar de su tierra natal) - son temas también de la obra de este fotógrafo. Participar lo mismo activamente, que visualmente, en esa reconstrucción lenta pero gratificante de la ciudad” le ha permitido lograr muy buenas fotografías que aparecen en algunos libros dedicados a reflejar la historia arquitectónica de esta urbe. “Son tantos los estilos arquitectónicos y tan disímiles los atractivos que no necesito estímulo alguno para apretar el obturador”, confiesa.

Entre los espacios citadinos que le arrebatan buen tiempo del trabajo, Julio Larramendi menciona el conjunto de la bahía habanera - “sin excluir a la gente, todo lo contrario”- y el montículo donde se eleva la estatua de El Cristo de La Habana, ideado por la escultora Jilma Madera. “Las visiones aéreas permiten contemplar algo inusual - argumenta. El hombre anda a pie, al nivel de la calle y la altura ofrece una vista a vuelo de pájaro que lo descubre todo.”

A pesar de reconocer a la fotografía como un arte, no descarta su uso publicitario. “Ella tiene sus códigos y requiere gran pericia. Hay fotógrafos que hacen pésima fotografía publicitaria. Cuando eso sucede la califico como fotografía mercenaria porque considero que es una gran responsabilidad y un reto ofrecer la mejor imagen de un producto nuestro. En Cuba se rompió la continuidad de este tipo de foto comercial. Seguimos siendo aprendices desde hace diez años para acá. Sin embargo, llama la atención que los mejores fotógrafos “publicitarios” sean así mismo los mejores fotógrafos “artísticos”. Ellos demuestran que la calidad de la fotografía publicitaria o comercial, es alcanzable. Podemos otorgarle un aliento artístico que repercutirá, por supuesto en cuán vendible sea un producto y cuánto sepamos trasmitir sus valores.”

Larramendi no parece temerle a los avances tecnológicos que van modificando en nuestros días los modos de realizar la fotografía. “Una cámara moderna posee una serie de prestaciones que facilitan el trabajo. Pero al final quien aprieta el obturador es el humano. Sólo él puede encuadrar, seleccionar y definir lo que va a retratar con un concepto, un sentido. El fotógrafo sigue diciendo la última palabra.”
“Los cubanos no estamos fuera de la era digital, por el contrario, la computadora, que es una herramienta más nos da muchas posibilidades y aquí hay buenos ejemplos de ello.”

Recientemente, realizó una exposición con Guillermo Bello, “un excelente trabajador de la fotografía que ha creado sus propios programas de computación paralelos a los ya conocidos, que permiten trabajarla de una manera diferente ”. La calidad sigue dependiendo del artista. Si no tienes sensibilidad, al decir de Larramendi, puedes deshacerte de la computadora.

Este profesional del lente asume su oficio como un acto de fe y de trascendencia: “Tomas una fotografía del siglo pasado y la imagen per se, explica lo que sucedía en esa época. Desde la guerra independentista de los mambises, pasando por la Reconcentración, la voladura del Maine... Y quieres fotografía más rica que la de los primeros años de Revolución. Cuando esos fotógrafos apretaron el obturador “ninguno pensó en la posteridad. Estaban disfrutando y tratando de captar lo mejor posible el momento.”

Larramendi habla de los demás diciendo de sí mismo. La imagen consumada no le resulta tan atractiva como el proceso mismo de atraparla y luego develarla en el cuarto oscuro. “Como prefiero las diapositivas, sufro mucho hasta que están secas y no puedo distinguir cómo quedaron. Son tan pequeñas que la tranquilidad sólo es posible después de llevarlas a la caja de luz y observarlas mediante el visor. Así llego a la madrugada, inclinado sobre ellas... y siempre con el temor de cómo salió una foto.”

Magda Resik Aguirre

Publicado en el diario cubano "Juventud Rebelde"
11/10/2001

   
 
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